Cuerpo, Alma y Espíritu

Cómo desenvolver las tres dimensiones del Ser Humano

¿Cómo desenvolver las tres dimensiones del Ser Humano?
Siendo plenamente conscientes y responsables de nuestra evolución, daremos pasos como individuos y también impulsaremos la evolución de la humanidad como un Todo.

Lo primero sería pensar y observar cuáles son estas tres dimensiones: Cuerpo, Alma y Espíritu.

El Cuerpo

Vamos primero por la más visible, aquella que nos lleva donde queremos y nos permite estar acá en la Tierra disponibles para cumplir nuestros objetivos, nuestra dimensión: Cuerpo.

Esta dimensión es compleja y a la vez perfecta, y tiene como principal propósito alojar a las otras dimensiones. Es visible, se puede tocar, se puede mover y contiene nuestros orgános, permea la vida. Notamos esta vida porque respiramos, nuestro corazón late y nuestros ritmos vitales se pueden percibir activos; hay órganos, como el hígado, el corazón, los pulmones que son imprescindibles para estar vivos, a traves de ellos y de otros sistemas fluye la vida. Entonces esta dimensión no solo es visible, sino viva. Cuando dejamos de estar vivos la parte más visible de esta dimensión sigue estando a la vista; solo que dura, seca, sin movimiento. Esto es, claro, porque al morir lanzamos nuestro último aliento… y nuestro cuerpo visible puede ser enterrado y se transforma en “polvo” o quemado  y quedan nuestras cenizas. En nuestro recuerdo quedan de esta dimensión en la memoria, como era ese ser humano y para eso contamos hoy con fotos, videos, dibujos o pinturas y antiguamente estatuas y momias. Esta dimensión se transforma entonces en  nuestra huella visible.

Para desenvolver esta dimensión es preciso respetarla y cuidarla, ya que es el instrumento, por así decirlo, que aloja a las otras dimensiones y requiere de mucha atención de nuestra parte.

¿Cómo hacer entonces? La salud se nos muestra cuando la descuidamos y también cuando la cuidamos. Nuestra alimentación y los ejercicios para mantenerla saludable, los ritmos sanos de vida, un dormir reparador, el cuidado del descanso vital para reponer e incluso regenerar nuestro cuerpo… todo esto y más es muy necesario. Ser conscientes de nuestra dimensión fisica o cuerpo es vital para seguir activos y poder cumplir nuestros objetivos. Esta dimensión no está separada de las otras dimensiones, por lo que todo lo que ocurre en las otras impacta e influencia en ella también; por ejemplo, los dolores que a veces sentimos en el cuerpo son un reflejo de situaciones no resueltas que habitan en nuestra Alma o situaciones que viven en nuestro Espíritu y quedan sin poder ser volcadas al Alma, quedando estancadas; y como consecuencia, provocando sufrimiento y dolor hasta incluso llegar a ser una manifestación física en la dimensión del cuerpo.

Es necesario estar atentos y escuchar las alertas que el cuerpo da; señales de que algo no está bien. Sin embargo, antes de esto ya hemos tenido señales que no supimos escuchar… éstas se han dado a través de nuestra auto-conciencia, en el Alma. En ocasiones podemos estar ya enfermos o con nuestro cuerpo dañado y en este caso es relevante ser más concientes aún de esta dimensión y con  más fuerza cuidarla, buscar sanarnos, teniendo en cuenta y explorando en nosotros mismos para llegar más allá de lo físico y vital.

El Alma

La dimensión del Alma es, por así decirlo, nuestro “campo de batalla” y es el lugar donde podemos auto-desenvolvernos; es aquel lugar donde más podemos transformar nuestro Ser. Partiendo desde  la sensibilidad relacionada con la dimensión física sensible contamos con nuestros sentidos que nos ponen en contacto con el entorno. El Alma nos permite darnos cuenta de las sensaciones que nos llegan a traves de los sentidos, distinguir lo que nos agrada y lo que rechazamos, percibir lo que nos llega del exterior y lo que nos hace relacionar con el entorno.

En el Alma se encuentran tres facultades,  la primera, la Voluntad o el querer es la que ésta más ligada a nuestra dimensión física, pues es a través de ella que concretamos nuestras intenciones. La Voluntad es una facultad que puede ser débil, poco desarrollada o educada, o fuerte y desarrollada;  depende de nosotros como adultos poder auto-desenvolverla si en nuestra infancia esto no sucedió. La voluntad se educa a través de hábitos y del cumplimiento de nuestras desiciones tanto con nosostros mismos como  con los demás, requiere de practica y de constancia para lograr dominarla; por ejemplo: cuando decimos que haremos algo y no lo hacemos, sea incluso que nadie lo sepa, esto nos hace sentir mal, merma nuestra autoconfianza, nos atrasa en nuestros propósitos y en nuestra evolución, impacta en nuestros relacionamiento y en nuestra identidad.

Para auto-educarla podemos proponernos pequeños actos donde logremos cumplir, decimos por ejemplo que durante el día realizaremos en tal horario una acción concreta, si hacemos este ejercicio por un período de tiempo de un mes y logramos cumplirlo, seremos más fuertes en nuestra voluntad y habremos avanzado impactando esto en otros aspectos de la vida.

Una segunda facultad del Alma, aún más compleja es la que nos permite relacionarnos con nosotros mismos, con la conciencia de nuestros sentimientos, deseos, pasiones, emociones; aquella que busca mostrarnos un mundo de relaciones con nuestra intimidad y con los otros. Esta facultad del Alma, el Sentir, busca que conquistemos por nosotros mismos ese equilibrio y dominio de este “aire” que nos puede llevar a ser polares con nuestros sentimientos, o a ponderar y ser equilibrados, a estar en paz con nosotros mismos o a ser tozudos, rígidos, críticos, faltos de empatía, fríos etc. Estos desafíos se manifiestan en las relaciones con los demás. Puede ser una tarea nada de fácil, pero si nos proponemos, podemos avanzar y lograr dominarnos y sentirnos en el poder de nuestro Sentir. Es posible que cada día nos sintamos mejor con nosotros mismos y nuestras relaciones sean cada vez mejores, por lo que la ganancia es muy grande. Este es un trabajo interior continuo y siempre nos va a desafiar… Cuando no lo logremos, volver a intentarlo y poner voluntad en cambiar será el pilar más importante para nuestra evolución interior. No esperemos a estar en el lecho de muerte para cambiar y con urgencia conversar con alguien, pedir perdón, decir cuanto amamos y apreciamos a alguien. En este ámbito siempre es necesraio estar trabajando y ser sinceros con noostros mismos.

El aspecto más elevado del Alma es el que nos permite pensar por nosotros mismos acerca de nosotros mismos y sobre cualquier ámbito o aspecto, incluso llegar a elevarnos a alturas más espirituales, donde logramos acceder a fuentes de sabiduría y conocimiento. La facultdad del Pensar nos permite abrirnos a otros puntos de vista, descubir que hay otras formas o caminos cuando nos encontramos estancados. Por ejemplo: al pensar en algo muy difícil que debemos resolver, podemos dejar de lado esos pensamientos negativos, críticos. Hacer un esfuerzo consciente de pensar como el otro, objetivizar la situación, poner las cosas en una balanza, ser creativos y buscar diferentes formas que hasta ahora no habíamos pensado. Entonces, quizás lleguemos a una decisión más sabia, en donde no solo cuente nuestro sentir, sino poner al servicio de esa situación nuestro Pensar. Esto implica subirnos a la colina y desde ahi con una panorámica más amplia Pensar ampliamente. El Pensar es la facultad más espiritual del Alma y podemos usarla para evolucionar.

Un aspecto del Pensar es la capacidad de hacer cálculos o buscar nuestra conveniencia y eso nos puede llevar a tomar decisiones egoístas, sin pensar en el otro, o solo pensando en la meta u objetivo, de esta forma es posible que estemos causando no solo sufrimiento y dolor a otros sino un daño a nosotros mismos, quedando estancado nuestro proceso creativo el que nos permitiria evolucionar.

El Espíritu

Por último, cuando hablamos de la dimensión del Espíritu, estamos refiriéndonos a la dimensión más sutil e invisible del Ser Humano, aquella que incluso si la negamos podríamos en “apariencia” nunca tener contacto con nosotros. Imaginemos que, si el Cuerpo es el carro, el Alma es el chofer, el Espíritu entonces es el señor, el dueño que sabe adónde debe dirigirse este Ser. Esta dimensión es donde se alojan los misterios de la vida y donde está accsesible nuestra sabiduría, nuestra esencia.

¿Cómo se manifiesta? Podemos reconocerla en diferentes aspectos; se puede observar en aspectos de nuestra particularidad corporal, la que nos habla de nuestro ser único e inimitable, por ejemplo: la huella digital, el iris de los ojos, un cuerpo hecho de asimetrias únicas. La podemos observar además  en nuestra biografía, una vida nunca será igual a otra, inclusive un gemelo tomará rumbos diferentes de vida; la bio-grafia es la escritura de tu vida y es única porque llevada de manera libre se irá desenvolviendo de acuerdo a los impulsos que el Espíritu le insufle.

El Espíritu también es especialmente accesible cuando desde una conciencia no cotidiana te acercas a ti mismo, conversas seriamente contigo y reconoces un propósito en tú vida, una misión que en ocasiones es tan evidente que no tienes forma de hacer otra cosa que lo que indica esa llama fulgorosa que vive en ti. Cuando logras vincularte con tu esencia es cuando te das cuenta de que no estás solo, cuando sabes que lo que haces no es solo por ti, cuando surgen sentimientos nobles y altruistas que te permitan llevar a cabo tu propósito, que es por ti, pero también por los otros en el sentido más amplio.

Cuando no logramos vincularnos con esta dimensión de manera conciente y no hacemos nada para lograr encontrarnos con nuestra esencia, nuestra vida parece perder sentido y quedar “vacía”. Podemos incluso confundirnos y solo estar haciendo sin sentido. Así este vacío se manifestará en el Alma y quizás hasta nos haga sufrir de alguna “enfermedad del Alma”, como la depresión por ejemplo. Y si no hacemos nada al respecto, esto podría seguir avanzando hasta llegar al Cuerpo o incluso nosotros mismos atentar contra nuestra vida, llegando a sentir que perdimos el sentido de nuestra existencia. También es posible que nuestras relaciones sufran, que se manifieste en un egoísmo o relacionamiento negativo con otros y, especialmente, con aquellos que amas y te importan. O que pierdas la posibilidad de relacionarte con otros y te evadas en drogas, alcohol u otras adicciones.

Como podemos ir comprendiendo esta dimensión espiritual impregna a todas las demás, que están  intimamente ligadas y pueden llegar a ser muy visibles, solo hay que estar atentos, despiertos, con nuetros ojosy oídos físicos bien abiertos, nuestros ojos y oídos del Alma desenvueltos y nuestros ojos y oídos espirituales bien despiertos. Para lograr que esto suceda es necesario estar activamente involucrados con nuestra esencia, con nuestro desenvolvimiento anímico, buscando conocernos cada dia más, explorando e investigando continuamente y con curiosidad abierta acerca de nosotros como humanos y sobre los misterios que esto implica. Si nos proponemos ser plenamente conscientes y responsables de nuestra evolución, daremos pasos como individuos y tambien impulsaremos la evolución de la humanidad como un Todo.

El propósito que sería recomendable alcanzar es lograr un equilibrio orgánico, tomar consciencia de quiénes somos y a qué vinimos, qué es lo realmente importante, evaluar nuestros avances y evolución de manera sincera con nosotros mismos, pensar de manera alta en la humanidad, con amor, cuidar y poner atención a nuestra armonía anímica y relaciones con los otros, cuidar nuestros pensamientos, dominar nuestros sentimientos, cuidar y poner voluntad en nuestros objetivos, cuidar y estar atentos a nuestra salud y cuerpo. De esta manera podremos avanzar juntos hacia un futuro saludable para todos.

Carola Fredes. Chile, Santiago, 12 de Febrero

Conoce más sobre este debate que plantea Carola Fredes, Creadora y Directora ECO